Imagen: Planeta de Libros
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El futuro muchas veces parece lejano, sobre todo el que asusta. La vejez propia se esconde en parajes remotos a los que, poco a poco, nos acercamos, como exploradores que se aproximan a un templo prohibido donde nos aguarda la sabiduría, aunque también nuestra propia muerte.
Sin embargo, Los siguientes, de Pedro Simón, no habla de la vejez propia, sino la de los padres, aquellos que nos han cuidado siempre pero que, en el ocaso de su vida, necesitan ser cuidados. Eso es precisamente lo que le ocurre a Antonio, quien se ve forzado a convivir con sus hijos (Carmen, Darío y Gabriel), ya que no puede valerse por sí solo. Su declive ya ha comenzado, como bien se hace constar en el inicio de la novela: su hija Carmen lo está limpiando después de que no le haya dado tiempo de alcanzar el baño.
La primera escena es cruda, un bofetón de realidad con que Pedro Simón te golpea la cara y te dice que en este viaje (que todos haremos de una u otra forma) no habrá una historia edulcorada ni romantizada. Se trata de la vida, tal cual; o del descenso al infierno.
El tema de la novela es este, precisamente, el infierno en vida, aunque de una forma que el lector no ve venir. Pedro Simón (al que he descubierto gracias a esta novela) desarrolla los conflictos familiares de manera que te llegan hasta el alma. No solo te abofetea, sino que te aprieta la garganta hasta sentir la propia asfixia de los personajes: Carmen, por la responsabilidad que (por ser mujer, cómo no) se echa sobre los hombros; Darío, por verse como un eterno y fracasado adolescente que roza la cincuentena. Y Gabriel, el mayor, por no superar el odio hacia su padre...
Los siguientes es una historia que cumple con creces con el concepto de catarsis de los clásicos. Es un viaje de descubrimiento anticipado, de dolor, de conflicto. Pero con un final esperanzador que es todavía más reconfortante, pues se llega a él tras dejar a un lado los fantasmas que nos atormentan.
Publicado el 6 de abril de 2026